domingo, 23 de abril de 2017

PASOS ROTOS



En la choza común donde se aprende
lo de fuera y se olvida lo de dentro,
mi infancia se quebró por los sonidos de la guerra.

Dejé de ser niña sin buscarlo.
Los juegos inocentes se quedaron prendidos en el limbo
a la espera de ser algún día recuperados.

Con el fusil en el hombro y con mi pena en el alma,
desfilo a golpe de tambor
que redobla canciones esperpénticas
 cuyo mensaje no alcanzo a entender.

Me cuadro a la voz de desgarra y golpea,
doblegada quiebro el cristal de la aurora.
Soy una y no soy nada.

Mi pelo sucio huele a pólvora,
a sangre y a tierra del campo.
La boca me sabe a ceniza, a cieno y a metal.

Estas ropas que me visten,
ocultan mis sentidos, arrancan mis alas,
mientras me voy convirtiendo en mujer.

Quisiera estar en otro lado,
quisiera ser otra persona,
quisiera saber si en el otro mundo que imagino,
la vida no están grotesca como esta mía.

Cierro muy fuerte los ojos y me pregunto…
¿cuándo los mástiles de hierro se convertirán en flores?
De la palabra soldado, no se ha hecho el femenino,
es mejor no crear palabras nuevas
que supongan desolación y violencia.

Hoy, oculta entre la maleza,
en la quietud de la noche,
me miro en los charcos del camino
y no me reconozco.







(Escrita para Grito de Mujer 2017)

jueves, 6 de abril de 2017

ESTE JUEVES UN RELATO... Amores de infancia



Le pedí a la seño Rosa que me dejara ocupar el pupitre de la primera fila, el que está justo enfrente de la puerta, ella no preguntó por qué, pero asintió sonriente. Desde entonces cada mañana llego antes que todos, antes incluso que la seño, me siento y espero. Mientras lo hago mi corazón late fuerte y muy rápido, sobre todo cuando escucho las risas de sus amigas, esa es la señal que me dice que falta muy poco para verla entrar. Entonces hago como que no miro, agacho la cabeza y garabateo distraído en el cuaderno, pero por el rabillo del ojo veo el contorno de su cuerpo traspasar la puerta. Llega oliendo a talco y a flores silvestres. El pelo suelto cae en cascada sobre su espalda, y si lo alcanza algún rayo de sol, le chisporrotean unas estrellitas doradas que se desprenden y flotan por toda la clase, cuando mueve la cabeza. A mí  me recuerda a las sirenas que aparecen en los libros que tiene mi hermana en su cuarto y pienso si no será una de ellas. Creo que estaría horas acariciando esa lisa melena, pero claro, eso será cuando consiga estar cerca de ella porque ahora cuando me mira o creo que me va a hablar, las piernas me tiemblan, la voz no me sale y a poco que me obligo, tartamudeo.
Hoy al salir de clase he ido detrás de ella y de sus amigas, viven en mi misma calle, así que puedo hacerlo sin que sospechen, de repente se formó un remolino de viento y como si su falda fuera de papel, ha jugado con ella bamboleándola sin compasión. Igual que un globo se ha inflado, queriendo volar se elevaba, mientras ella ruborizada intentaba impedirlo. Todos se reían divertidos, y hasta yo quería reír, pero sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas contenidas. No sé qué pasó ni cómo, pero allí estaba a sus pies, apretando con mis manos la falda a su cuerpo. Entre aplausos, levanté la mirada a esa diosa y ella sonriendo me dijo: Por fin llegó mi héroe.


Otros muchos amores, podéis leerlo en el blog de Molí del Canyer

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